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Los abuelos y las mascotas: grandes compañeros

La llegada de la tercera edad implica cambios importantes en diferentes aspectos de la vida de una persona. Es un tiempo de contrastes, donde es necesario resignificar muchas de las cosas que ya no son lo que eran. El cuerpo ya no es el mismo, no responde como antes, las actividades que uno solía realizar a diario requieren más tiempo y cuidado, cuando otras ya no pueden ser llevadas a cabo.

Es frecuente que si se trata de personas que han realizado una actividad laboral sostenida durante mucho tiempo, esta etapa coincida con la jubilación, lo que implica una transformación vital de gran significado y un esfuerzo de reacomodación que puede llevar algún tiempo y frecuentemente está acompañado de cierto sentimiento de vacío o inutilidad. El aspecto social también sufre cambios importantes. Han surgido vínculos nuevos por la aparición de nietos, mientras que simultáneamente se han reducido otros, a veces drásticamente, por la partida de familiares o amigos coetáneos.

La etapa de la madurez de la vida va a poner de relieve si uno ha sabido cultivar herramientas que le permitirán hacer de éste un tiempo de gran plenitud. Mantener el cuerpo saludable y activo, encontrar actividades culturales que sirvan de estimulación o esparcimiento y adaptarse a los cambios inevitables con creatividad… son algunos de los factores que harán más fácil el tránsito por esta etapa. Es común que aparezca cierta sensación de vacío, de soledad, un “no saber qué hacer con el tiempo”.

Los hijos y nietos suelen estar inmersos en rutinas llenas de actividades, parece que ya no tuvieran tiempo para nada, y uno teme volverse una molestia. Más allá de estas fantasías que suelen aparecer, sean reales o no, es un tiempo en el que es clave la actitud con la que uno encare cada día. Es momento de activar por uno mismo, de hacer cosas por el propio bienestar y la salud.

Para este momento tan especial, la compañía de una mascota puede resultar ampliamente beneficiosa por muchas razones. Para comenzar, un animal no distingue aspecto físico, edad, educación o vestimenta de su dueño. El tipo de vínculo que ofrece es totalmente desinteresado y dependerá de la reciprocidad que se construya entre ambos. Por lo tanto, si bien hay que tener en cuenta algunas limitaciones prácticas a la hora de pensar en una mascota para una persona mayor, podemos decir que no hay edad para tener “un mejor amigo perro o gato”.

ESTOS SON SÓLO ALGUNOS DE LOS BENEFICIOS DE LA COMPAÑÍA DE UN ANIMAL:

Tener una mascota implica la responsabilidad de su cuidado, lo que necesariamente significa para su dueño el esfuerzo de ocuparse de atenderlo, bañarlo, alimentarlo, pasearlo y jugar con él. Esto favorece el armado de una rutina diaria en torno a la mascota, lo que necesariamente obliga a organizar y estructurar el tiempo de su dueño.

El animalito se vuelve un destinatario de afecto, cariño y atención, además de compañía (aspectos que muchas veces se han perdido por el alejamiento o muerte de seres queridos).

Son estimuladores de la salud, ya que demandan un mínimo de actividad física por parte de sus dueños, sobre todo si son perros a los cuales hay que sacar a pasear varias veces al día. Está demostrado que realizar una rutina activa diaria es una de las acciones más difíciles de mantener en la tercera edad, siendo éste uno de los factores de depresión y de desmejoramiento de la salud. El ejercicio físico moderado pero permanente evita fracturas de caderas y mejora el funcionamiento cardiovascular, entre otros beneficios. Llevar un perro a caminar diariamente (ejercicio que se considera moderado cuando no supera los 20 minutos en cada sesión), ayuda a controlar la tensión arterial, los niveles de grasa en el cuerpo y la sangre, al mismo tiempo que estimula la capacidad pulmonar, casi siempre disminuida por la ausencia de ejercicios físicos. Algo que cabe destacar es que, con la regulación de estos niveles, disminuye también la ansiedad.

Son grandes estimuladores de contacto social ya que, si se trata de un perro, es necesario su paseo, por lo que inevitablemente será motivo e introducción a una conversación, favoreciendo el contacto con otras personas. Cuando hay una mascota de por medio es más fácil entablar una conversación aún con extraños. Son innumerables las historias “de plaza”, lugar de reunión privilegiado de los amantes de los perros y testigo del inicio de nuevos vínculos entre personas de diferentes edades que comparten la misma pasión por los animales. También promueve y estimula la conversación dentro de casa, ya que su dueño suele dirigirse a ellas a diario.

Como vemos, los beneficios son múltiples. Sin embargo no cualquier mascota es apropiada como animal de compañía en esta etapa de la vida. Es importante que sea un facilitador de las costumbres diarias, y que la persona esté en condiciones de hacerse cargo de su cuidado. Una característica importante es que tenga un peso y tamaño que permita ser manipulado con facilidad (se aconseja que no supere los 10 kilos de peso). Si se trata de un perro, la raza debe ser elegida teniendo en cuenta cuales son las características no solo físicas sino temperamentales que el dueño espera del animal.

Por todo esto, y seguramente por muchas cosas más, consideramos que un abuelo y una mascota es una sociedad que no puede fallar.

Lic. Delia Madero Psicóloga

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